Saltar al contenido

café de especialidad6 min de lecturaCIMA Café

Cuánto café y cuánto tiempo: goteo, prensa francesa, moka y espresso

Las proporciones y los tiempos de cada cafetera, en gramos y en cucharadas. Sin báscula, sin molino y sin vocabulario de barista.
Cuánto café y cuánto tiempo: goteo, prensa francesa, moka y espresso

No hace falta equipo caro ni entrenamiento de barista para que te salga bien. Con un buen café, la taza depende de tres cosas que cualquiera controla en su cocina: cuánto café pones, qué tan caliente está el agua y cuánto tiempo los dejas juntos.

Abajo están los números de cada cafetera. Busca la tuya y sigue el renglón; no tienes que leer el resto.

Las tres reglas que sirven para cualquier cafetera

  • Cuánto café: el punto de partida son 60 g por litro de agua. Si no tienes báscula: una cucharada sopera colmada ronda los 7 g, así que un litro son unas 8 cucharadas. De ahí ajustas a tu gusto.
  • El agua: filtrada o de garrafón, nunca directa de la llave — el 96 % de tu taza es agua, y si sabe a cloro, tu café también. Úsala recién hervida: al caer en la jarra o en la prensa, que están frías, baja sola a donde debe estar. Los treinta segundos de espera que circulan en internet apenas le quitan uno o dos grados.
  • El tiempo: cada cafetera tiene su ventana. Pasarse amarga; quedarse corto deja la taza aguada.

Ya viene molido: qué significa eso para ti

Tu CIMA llega molido en su punto, listo para tu cafetera. Ese punto es a propósito: es el que funciona del goteo a la prensa francesa sin que tengas que tocar nada ni comprar un molino.

Como la molienda ya está resuelta, tu perilla de ajuste es otra: la cantidad de café y el tiempo. ¿Salió amargo o seco? Pon un poco menos de café, o acorta el tiempo. ¿Salió aguado? Sube un par de gramos, o déjalo unos segundos más. Un solo cambio a la vez — si mueves dos cosas juntas, no vas a saber cuál funcionó.

Guarda la bolsa bien cerrada, en un lugar fresco y oscuro, y nunca en el refrigerador: ahí el café absorbe humedad y olores de todo lo demás. La válvula de la bolsa deja salir el gas sin dejar entrar aire, así que no hace falta pasarlo a un frasco.

Cafetera de goteo: la que hay en la mayoría de las casas

Es la más común de México y la que menos instrucciones necesita, porque la máquina se encarga del agua y del tiempo. Lo único que está en tus manos es la dosis, y es justo donde se pierde la taza.

6 g de café por cada 100 ml de agua. Para una jarra normal: 24 g — unas 5 cucharadas rasas — por 400 ml. La mayoría de la gente pone la mitad y luego culpa al café.

Ojo con las marcas de la jarra: son de 125 a 150 ml, no de 240. Si mides «4 tazas» por la marca y dosificas como si fueran tazas de verdad, la taza sale aguada por aritmética, no por el café. Mídelo en un vaso medidor la primera vez y ya sabes dónde queda en tu jarra.

Nivela el café en el filtro con la mano antes de encender, y sirve en cuanto termine: la placa caliente sigue cocinando lo que queda en la jarra y en veinte minutos lo pone amargo. Los dos cafés funcionan igual de bien aquí — están los dos en café para cafetera de goteo.

Prensa francesa: la que más perdona

Si estás empezando y no tienes goteo, empieza aquí. La prensa perdona errores y no hay que aprender a verter.

30 g de café por cada 450 ml de agua recién hervida. Vierte toda el agua de una vez, revuelve una sola vez para hundir el café que flota, y tapa sin bajar el émbolo. Espera 4 minutos.

Al terminar, rompe con una cuchara la costra que se formó arriba y retira la espuma. Luego baja el émbolo despacio — si te cuesta trabajo, lo estás bajando muy rápido. Sirve de inmediato: si el café se queda sobre el asiento, sigue extrayendo y se pone amargo.

Con CIMA Reserva la prensa da una taza dulce y redonda; con CIMA Origen, más cuerpo y más cacao. El indicado para este método está en café para prensa francesa.

Cafetera italiana o de olla

Para la italiana (la moka), el truco que lo cambia todo: llena la base con agua ya caliente hasta la válvula, no fría. Así el café no se cuece mientras la cafetera sube de temperatura, que es de donde viene ese sabor a quemado tan común.

Llena la canasta al ras, sin apretar el café. Fuego medio-bajo y tapa abierta. En cuanto borbotee y el chorro se aclare, retira del fuego — no esperes a que termine sola. El CIMA Origen es el que aguanta bien esa extracción y el que corta la leche en un capuchino. Más detalle en café para cafetera italiana.

Para el café de olla: hierve 1 litro de agua con una raja de canela y 40 g de piloncillo. Apaga el fuego y hasta entonces agrega 60 g de café. Tapa, deja reposar 5 minutos, cuela y sirve. El error de siempre es hervir el café junto con todo — eso lo amarga sin remedio. La versión completa está en nuestras recetas con café molido.

Chemex: si te gusta el ritual, aquí está

Es el método que más enseña de dónde viene un café, y también el que más depende de ti, porque el vertido lo haces tú. No hace falta para tomar buen café; está aquí por si te late el proceso.

Enjuaga primero el filtro de papel con agua caliente y tira esa agua — le quita el sabor a cartón y calienta la jarra. 30 g de café por 450 ml de agua a 93–96 °C.

Vierte primero unos 60 ml de agua, apenas para mojar todo el café, y espera 40 segundos. Vas a ver cómo se infla: es gas saliendo, y hay que dejarlo salir para que el agua entre parejo. Después vierte el resto en dos o tres tandas, manteniendo el nivel a media altura, sin mojar las paredes del filtro. Debe terminar de escurrir entre 3:30 y 4:30: el papel de Chemex es grueso a propósito, no es que lo estés haciendo lento. ¿Tardó mucho más? La próxima vez usa menos café.

Espresso: aquí sí necesitas grano

Una máquina de espresso pide una molienda mucho más fina que la de cualquier café que ya viene molido, la nuestra incluida. Si ese es tu método, compra en grano y muélelo tú — mejor saberlo antes que después.

Para todo lo demás de esta guía — goteo, prensa, italiana, olla y Chemex — nuestra molienda funciona tal como llega.

Y por si te sirve el dato: en espresso se busca 18 g de dosis y 36 g de bebida en 25 a 30 segundos. ¿Sale muy rápido y ácido? Sube la dosis y compacta más firme. ¿Sale lento y amargo? Baja un gramo.

El error más común de todos

Poner poco café. Con diferencia. La mayoría de las tazas flojas que alguien atribuye al café son en realidad la mitad de la dosis que pedía esa cafetera — y se arregla con una cucharada más, no comprando otra bolsa.

El segundo más común es dejarlo reposando de más: en la prensa sobre el asiento, o en la jarra sobre la placa caliente. El café sigue extrayendo después de que ya está listo, y ahí es donde amarga. Sírvelo en cuanto esté.

Y si tomas café todos los días, la bolsa de 500 g te sale mejor por gramo que dos de 250 g — el precio por taza de cada tamaño está en su ficha, junto al selector.

¿Quieres los números de cada método en una sola pantalla, con calculadora de dosis? Están en la guía de preparación. Y los dos cafés, en Nuestro Café.